Por Pablo Fernández.

A partir del texto de Walter Benjamin encuentro varias claves que darían cierta noción sobre lo que trata de escenificar a partir de su concepto de aura. 

Para empezar, considero necesario poner sobre la mesa el contexto sociohistórico en el que se inscribe y comenzó a desarrollarse la fotografía, en una suerte de invenciones y juegos que más tarde pasarían a iniciar un proceso, tal vez doble, de consolidación, y en otros momentos, de auge y decadencia. Antes de la segunda mitad del siglo XIX el modo de producción industrial se encontraba ya erigido como nueva forma de generación y distribución tanto de bienes como servicios. Es en ese punto, y de la mano de la aparición de una nueva técnica, la fotografía, cuando ésta, en un principio y en un ambiente fagocitador, pasa a formar parte de aquel circuito industrial y masificado, en comparación con la ausencia de artesanos de esta disciplina al comienzo, así como de la demanda de los resultados fotográficos.

Es aquí, terminando las últimas décadas del siglo XIX cuando Benjamín plantea la urgencia de rescatar ciertos elementos de la herencia de los primeros fotógrafos, venidos a menos y eclipsados por ciertas rigideces e insalvables obras fotográficas que empañaron el mismo arte en las fechas nombradas.

En contraposición a estos horizontes, Benjamín pretende urgirnos a rescatar el aura de la fotografía. Encuentro en esta palabra que utiliza una necesidad de recuperación de ciertas transiciones, primero temporales (y con esto volviendo a las primeras tradiciones condicionadas por las herramientas fotográficas de entonces) en relación a las largas exposiciones que se debían realizar, así como espaciales. Ambas variables se atraviesan para que, y con, el objeto o sujeto fotografiado se generen aquellas sensaciones imperceptibles, inconscientes y arbitrarias que suceden en la fotografía, a diferencia de la pintura. En la primera se imprime el tiempo transcurrido, mientras que en el arte pictórico aquellas duraciones no existen, emergen directamente de la técnica y capacidad del artista.

Entiendo el aura como composición de posibilidades tanto contempladas como azarosas, que en un preciso y único momento acontecen, cuyos ejes, temporales y espaciales, nos aproximan a aquellos actos fotográficos de forma exclusiva e irrepetible.

Acompaño a este texto con tres fotografías, que trata de evocar, pero en un sentido de ausencias y omisiones aquello del aura, que escribía Benjamín. A partir de lo que he podido comprender, he sentido ciertos vacíos en torno a otras posibilidades fotográficas que busquen, precisamente, la atemporalidad, la ausencia de elementos, y por tanto, más vacío que ambigüedad, cerrando todo campo para la interpretación, que no es sino más que un fetiche del espectador. Qué sensación surgiría con una propuesta que juega con el concepto de aura, pero en una forma de oposición, carente, y con nada que mostrar, sólo líneas, colores, y un discreto fluorescente. Apenas hay en las fotografías comentada objetos, elementos o referencias para que la enunciación propia de la fotografía pueda ubicarse. Al menos, a mí me resulta ajena y fría, y si no es en esa dirección, no siento sino ninguna proximidad o identificación.

A partir de las otras dos restantes he tratado de evocar aquel sentido de temporalidad impreso en el cuerpo sensible, pero con ciertas frustraciones y neurosis acerca del resultado.

Haciendo este ejercicio he sentido varias problemáticas o imposibilidades. Primero, sumado a la situación de que varios días me encontré enfermo y no pude salir de casa, es el hecho de que para sólo salir a pasear con una cámara ya hace falta coraje. Coraje igual para desechar lo más próximo y tratar de buscar fotografías que incomoden al que lleva la máquina. Esto último se revela en las fotografías, cuando quienes aparecen, y los lugares donde se inscriben son conocidos.

Autenticidad, pesimismo, y esencia original serían búsquedas de Walter Benjamín, que en una pobre crítica, circunscribiría a remordimientos románticos de lo que se está perdiendo a causa de lo que llega, en este caso, el mundo moderno, su nueva técnica, y la posibilidad finita, pero muy extensa que de facto es inagotable, de hacer y hacer, y que niega cualquier cosa que fuera aura.

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Fotografía Curso Comenzar Walter Benjamín

Fotografía Curso Comenzar Walter Benjamín

Fotografía Curso Comenzar Walter Benjamín