Por Francisco Javier Ruíz

Tanto el relato como la película de Antonioni son muy interesantes. Ambas abordan el papel del protagonista, ambos fotógrafos en situaciones realmente peculiares. La lección más artística y mística podemos decir que nos la da el relato de Cortázar, en el que se habla de planos, encuadres, la unión entre máquina y artista, los sujetos que capturamos con la cámara, la relevancia del arte y como moldea el mundo. Me quedo con el pasaje en el que habla de que todo el mundo debería aprender fotografía desde pequeño porque nos enseña a observar el mundo que nos rodea con mayor delicadeza, con atención a los detalles y disfrutando de los entornos y personas que nos son dados en nuestro día a día. Además, con esta lectura, junto con la anterior del Yukio Mishima (novelista, ensayista, poeta y crítico japonés), he entrado en nuevos terrenos de la literatura, en concreto con la prosa de este argentino en la que toca este arte que tanto nos gusta, contándonos una bonita historia, y dando lecciones sobre el sentido de las cosas. Además, a pesar de ser un relato escrito, tiene un gran carácter visual, y no solo porque trate imágenes, sino que transmite movimiento cuando nos pone en la piel del Michael, cuando enfoca, cuando se detiene a observar, cuando reencuadra, cuando se altera la realidad y suceden cosas con lo que parecía establecido. Un relato en el que tenemos un gran componente de acción.

Por su parte, Blow Up, visualmente es una delicia. Pero de estas que tienes que parar en más de una ocasión para darte cuenta, y no porque sea mala, sino que tal es su belleza que pasa inadvertida. Crees que estás viendo una película cualquiera, con una trama un poco rara y personajes más locos aún. Pero cuando vuelves a verla, o te informas de quien fue Antonioni, te das cuenta de que hasta el más mínimo detalle está calculado. Cada plano es una magnífica fotografía en la que se entrecruzan líneas rectas y perpendiculares, tenemos superposición de sujetos, escenas encuadradas dentro de marcos naturales, la escena del campo de tenis y el seguimiento de acción, o las escenas en el coche. Esto son algunos ejemplos de los que más me han llamado la atención. La trama, coincidiendo con el libro, es muy dinámica, con un personaje que no se está quieto, con sesiones de fotos intensas, desplazamientos en coche a toda máquina, caminatas y galopadas, y conversaciones sin tapujos, etc.

Sobre este cineasta italiano he profundizado más que sobre la vida de Cortázar; me doy cuenta de que para la época en la que vivió y en la que publicó esta película la corriente que dominaba el cine italiano era muy distinta. Hablamos de Neorrealismo, en el que una serie de temáticas se repiten como la esencia de lo italiano o personajes femeninos. Antonioni trascendió para salirse de la norma, porque en este mundo lleno de cosas similares lo importante es ser una luz que se vea entre tanto ruido, y aportar nuestro grano de arena con pasión y desde lo más profundo de nuestro ser.

Cada uno de los trabajos analizados nos dejan una lección para la fotografía. Podemos quedarnos con la importancia de los detalles, como vemos con esas ampliaciones que hace el fotógrafo de moda en Blow Up cunado descubre el cadáver; decidir el momento de la toma y esperar al instante oportuno, poniendo toda nuestra concentración en este esfuerzo; la importancia de la composición que nos trasmite Michael a la hora de recomponer una y otra vez y de decidir qué y quienes van a salir en nuestra exposición; también aprendemos algo de fotografía de calle. Y sobre todo vemos como la fotografía puede cambiar la vida de la gente, aunque nos pongamos con ejemplos muy peculiares y extravagantes, no creo que sea una lección que se pueda pasar por alto.

Para terminar, cito a Michelangelo Antonioni:

Debemos de responder con la lengua de uno mismo, y si esta se encuentra cercana al arte, habrá logrado una valiosa responsabilidad social.  Porque hoy más que nunca, el arte se presenta como la felicidad más humana de todas.

Blow Up Cortázar

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