Por Melanie Domínguez

La cotidianidad terrenal y desgarradora. La mirada que no es idílica, ni posee encanto. El hábito a lo marginal. La lejanía del ideal, la belleza impuesta por la modernidad. Oda a la fealdad, deleite de lo diverso aunque se defina peyorativamente como anormal.

Subyace pues, una beta narcisista de el que se siente distinto al resto y por ende aparte del resto, resto que representa ese estereotipo de normalidad.
La tensión de las formas geométricas observan la dualidad que brota en la propia autora. Abandono y apego. Ser y no querer ser.

Lo fotografiado es un espejo, las pupilas del personaje son reflejos de la artista.
El personaje mira desafiante y en confianza le comenta a la artista que la puede ver, aunque ella aún no se vea así misma. La autora se retrata en la marginalidad que le evocan sus traumas.

El formato deja entrever la disyuntiva entre lo público y lo privado. La atmósfera se lapida en un espacio sin profundidad, dejando una aproximación abstracta al resto del espacio. El humo se contiene, resulta asfixiante esconderse ya sea en el arte o en lo más recóndito de una ciudad.

Se retrata en plano medio, priorizando en el aspecto emocional del sujeto.
El sujeto no es más que una metamorfosis de sí misma.

 

Diane Arbus

         © Diane Arbus

Diane Arbus

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